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JUAN’S FINDINGS Desenmascarando impostores. Primera parte 7/7/15

LiderEn esta serie de notas breves sobre aspectos de management que iremos publicando, haremos un esfuerzo en poner en evidencia a falsos profetas y supuestos “gurús” que, aparte de un excelente marketing personal, (personal branding creo que lo llaman ahora), van difundiendo desde hace tiempo aseveraciones que no sólo no son ciertas, sino que pueden crear una peligrosa confusión en la comunidad de directivos y empresarios, haciéndoles tomar decisiones erróneas o imaginar expectativas imposibles que nunca cumplirán.

No nos cansamos de toparnos con alguno de ellos todas las semanas en varios foros como publicaciones especializadas, periódicos, televisión, etc.

El último apareció en el suplemento “Dinero” de la edición dominical de La Vanguardia de Barcelona del 21 de junio pasado.

El profesor emérito de ESADE, Robert Tornabell, expone en un artículo las capacidades de liderazgo de las mujeres. No quiero profundizar en este tema porque acabo de publicar mi libro “Reina Virgen. El liderazgo femenino al descubierto” en el que pueden encontrarse las grandes verdades y mentiras sobre el liderazgo femenino en empresas y organizaciones.

Lo que realmente me sorprende del profesor Tornabell es su rotunda afirmación de que “el liderazgo se puede aprender”. Esto no es cierto y Ud. debería saberlo salvo que quiera lanzar un mensaje subliminal que en ESADE, sí se aprende a liderar.

Los líderes tienen dos grandes bloques de cualidades: Conocimientos de management que se subdividen en dos Aptitudes y Actitudes y que podemos enseñar en buenas escuelas de negocios con profesores que conozcan sobre el proceso y la estructura del liderazgo.

La segunda es conocida como “Cualidades Innatas” y que nacen ya en la persona. Son un don que no se puede comprar y menos aprender: Cómo enseñar la “Iniciativa para abordar asuntos” o a “Convivir con la incertidumbre” o a “Dar respuestas a los inesperado”, para nombrar sólo tres entre las diez que configuran este bloque.

Otro cómplice e impostor del caudal desinformativo al que nos referíamos al principio de esta nota.
Si por el contrario, ha encontrado la forma de que los candidatos a líder adquieran las cualidades innatas en algún Business School, hágalo saber a toda la comunidad empresarial que le reservará sin duda un puesto en el Olimpo de los Gurús.


La falacia del Coaching

En uno de mis recientes post, citaba las palabras del maestro decano en Harvard, Nithin Noria:

“Las modas en Management pueden ser devastadoras ….”

Desde hace un tiempo se vienen anunciando con la palabra inglesa “coaching”, multitud de productos de consultoría como vademecum de Management, a las que las empresas deben recurrir (y comprar) para diversas mejoras en el rendimiento.

Por supuesto que el mencionado coaching se provee con “coaches” de la propia consultora. Con este disfraz se implantan programas formativos estándar que no sólo no aportan nada nuevo, sino que en ocasiones transmiten falsas y peligrosas aseveraciones.

Como el anglicismo queda bien, tiene cierto glamour y hay una definición “ad hoc”, diferente según el tema, creo que es necesaria la aclaración para contribuir a desterrar modas y esnobismos en el complejo arte y ciencia de dirigir empresas y organizaciones.

El Coach no es otra cosa que la función de entrenador de sus personas, de sus equipos, que todos los directivos de empresas deben realizar: un mínimo del 5% de su tiempo y en ocasiones, mucho más.

Tengo un compañero de promoción en Harvard que es el presidente y máximo ejecutivo  de un importante grupo de empresas, que en sus tarjetas de visita, coloca como su cargo el de “Head Coach”, entrenador principal.

El coaching es una función que deben realizar los directivos que trabajan en la organización, no asesores externos. Tampoco pueden existir programas de “coaching”. El coaching no es una ciencia para cambiar organizaciones ni para aprender a jugar a golf o a tenis donde la palabra si encaja perfectamente.

El coaching real y útil, solo pueden ejercerlo los directivos de la empresa a todos los niveles. Solo ellos pueden entrenar a su propia gente.

Pero la tentación de poder decir “estamos haciendo un programa de coaching”, parece irresistible …